Orfebrería

AJUAR LITÚRGICO

Cáliz. Anónimo. Principios del siglo XVIII. Plata de ley torneada.

Por el estilo que presenta, sin ningún tipo de decoración, bien pudiera datarse de fines del siglo XVI. Aparecen las marcas en la base de la pieza pero han quedado parcialmente destruidas por una restauración de la zona. Se distinguen claramente entre los restos, una estrella que pudiera relacionarse con la marca del contraste. La que corresponde al autor tan sólo conserva las iniciales VXº lo que impide su identificación.

Este modelo de cáliz aparece frecuentemente en los exámenes de plateros, con un perfil claramente manierista, pese a que este tipo de morfología se repite hasta la primera mitad del siglo XVIII, siendo muy abundantes en las parroquias sevillanas. Posee una base ancha y plana de forma circular, organizada mediante tres molduras superpuestas. El astil presenta varias molduras cilíndricas de tradición manierista. La copa, de estilo campaniforme, bañada en el interior de oro, presenta el exterior con una arista que la divide en dos mitades.

Actualmente esta pieza se emplea en el culto ordinario de la capilla, en la celebración de la Eucaristía de los días de precepto.

Cáliz. Anónimo francés. Principios del siglo XIX. Plata repujada.

Posee esta Hermandad un hermosísimo juego de cáliz y vinajeras donado en 1935 por el entonces capellán real y de la capilla D. Antonio Nogueras empleado desde entonces para las grandes solemnidades de la Hermandad.

Las marcas que presentan, un rostro de perfil y un rombo en cuyo interior aparecen las iniciales JRC, no han podido ser reconocidas pero están dentro del tipo de marcas empleadas en Francia. El cáliz a partir el siglo XVIII disminuye en cuanto a su tamaño respecto a piezas anteriores. Por la decoración que presenta podemos encuadrarlo a principios del siglo XIX dentro del estilo Neoclásico. Presenta motivos alusivos a la Eucaristía como espigas, juncos, vid, motivos geométricos, así como motivos figurativos como querubines y medallones con santos.

La base o peana presenta un borde ondulado con una decoración a base de parejas de querubines afrontados (3 grupos) y entre ellas motivos vegetales en torno a un pequeño botón. En la parte superior de la basa, de forma circular, aparecen tres medallas circulares en cuyo interior se representan a San José con el Niño, a San Juan en Patsmo y a la Virgen con el Espíritu Santo en el pecho. Entre ellos, enmarcados por cintas formando motivos geométricos, un grupo de tres espigas que puede estar haciendo referencias a la Trinidad entre San Juan y la Virgen. Entre la Virgen y San José la vid símbolo del vino que después se convertirá en la Sangre de Cristo y finalmente, entre San José y San Juan, un emblema donde aparece la cruz entre una pirámide y una torre.

El astil pierde altura, el nudo presenta una forma piriforme que es el fruto de la unión, a lo largo del tiempo, de la manzana elipsoide y el plato aplastado en forma de pera. La ornamentación de esta obra está dentro de la línea iniciada en el rococó presentando los motivos en tres planos, siendo en este caso grupos de pares de querubines afrontados, alternados por espigas y lazos que forman motivos geométricos.

Finalmente la copa, de perfil campaniforme, está dividida en dos partes quedando al superior, de menor tamaño,  sin decoración y en la inferior tres óvalos donde se muestran las virtudes teologales. La Fe se representa como una mujer velada con el cáliz y la hostia entre sus manos. La Esperanza se representa de perfil con el ancla. La Caridad como una matrona romana rodeada por niños. Estas imágenes están claramente inspiradas en modelos propios del Clasicismo francés. Con la misma organización se vuelve a optar por compartimentar el espacio mediante cintas. Se emplean nuevamente elementos, como grupos de espigas y juncos, que aluden al agua empleada en el ofertorio donde con la gota que el sacerdote vierte en el vino que será después la Sangre de Cristo, se simboliza la Iglesia que queda íntimamente ligada a Jesús de forma indisoluble.

Esta pieza litúrgica se complementa con una patena de 14 cm. de diámetro, de plata sobredorada en la zona superior. En la zona del reverso la plata en su color se decora con un  gravado del anagrama de Cristo (JHS) y el Corazón de Jesús inflamado por las llamas del amor. Una pequeña cucharilla también forma parte del conjunto destinada para verter en el vino la gota de agua anteriormente mencionada.

Vinajeras. Anónimo francés. Principio del siglo XIX. Plata de ley repujada torneada.

Empleadas para contener el agua y el vino, este conjunto está formado por dos jarras, una campanilla y una bandeja sobre las que se colocan las piezas ya citadas.

La forma de las vinajeras igual que sucede con el cáliz evoluciona a lo largo del siglo XVIII. El pico vertedor desaparece y se opta por ampliar el diámetro de la boca con una ondulación por donde se vierte el líquido. Toman el aspecto de un pequeño aguamanil con tapadera.

La base de las jarritas se exorna con una decoración de motivos vegetales muy esquemáticos realizados mediante la técnica del punzón rayado. En el cuerpo aparecen, haciendo juego con el cáliz, tres medallones combinados mediante una lazada que compartimenta el espacio. Las imágenes representadas en las jarras destinadas al agua y al vino son las mismas: Cristo,  la Virgen y Dios Padre. Estas están tomadas de modelos italianos del Renacimiento, representados de perfil. La única diferencia entre las dos la encontramos en la tapadera ya que la del agua posee unos juncos y la del vino unas uvas. El asa de ambas está realizada en plata fundida organizada mediante dos “ces”  enrolladas en sus extremos y unidas en la parte inferior.

La campanilla de 11 cm. de altura y 4,5 de diámetro está realizada en plata fundida. No presenta decoración ninguna tan solo en la propia campana unas finas líneas que estructuran el espacio. Ésta se emplea en el momento de la Consagración heredado del ritual latino donde los fieles podían despistarse al no entender el idioma.

La bandeja donde se colocan las vinajeras y la campanilla tiene forma ovoide con el borde elevado respecto de la base en donde se dispone la decoración. En el límite del borde superior de la bandeja se aprecia una cenefa de hojas de laurel cinceladas y a los extremos unos grupos de querubines. En las zonas más anchas de la base, mediante la técnica del repujado y el cincelado dos ramilletes de juncos alternados por  racimos de uvas. En el llano de la bandeja dos abultamientos sirven de anclaje  para las jarras y en el centro, mediante la técnica del granulado se delimita con un círculo el espacio para la campanilla.

Demanda Anónimo. 1752. Plata torneada, fundida y grabada. Inscripción: ES D LA HERMND, N,ª S,ª DEL ROZARIO D LOS GUMEROS, AÑO D 1752.

Empleada, por la fecha de su inscripción, para las colectas destinadas a la construcción de la capilla, presenta un plato hondo con borde plano sobresaliente. En el centro, sobre un pequeño vástago formado por un nudo de jarrón y un pie circular de tipo tronco cónico, el asa por donde se porta esta pieza es circular de 8,5 cm. de diámetro en torno al cual se disponen las cuentas del rosario rematadas en la parte superior por la cruz.

Esta obra está claramente relacionada con el instituto fundacional de la Hermandad: el Rosario Público; así como a la construcción de la capilla que como hemos podido estudiar se lleva a cabo gracias a las pequeñas aportaciones de los vecinos. La pieza es sencilla presentando una traza correcta y funcional, carente de decoración ornamental.

Relicarios de Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena. Emilio Méndez. Octubre 2003. Plata de Ley torneada, fundida y grabada.

En Agosto de 2003 recibía esta Hermandad la donación por parte del Padre Dominico fray Pedro León Moreno  una reliquia del Padre Fundador de la Orden de Predicadores Santo Domingo de Guzmán y otra de la Religiosa Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, perteneciente a la Orden Tercera de los Predicadores. De ambas posee la corporación auténtica que certifica la veracidad de las mismas, conservados estos en el Archivo de la Hermandad.

La importancia de estos testimonios, tan vinculados a la devoción del rosario, motivó a la Junta de Gobierno a realizar dos relicarios de plata de ley los cuales se expondrían a la veneración de los fieles durante todo el año en el Retablo Mayor, en el manifestador, y el día de la procesión de la Virgen del Rosario en las andas a ambos lados del llamador.

El diseño de las piezas es obra del orfebre Emilio Méndez que optó por un modelo manierista, realizado mediante la conjunción de piezas geométricas superpuestas que unidas configuran el templete. La base, de molduras circulares, sostiene el vástago en cuyo nudo cilíndrico se colocan de plata fundida cuatro piezas en forma de sigma. La caja en cuestión alterna la base y remate circular con el cajón cuadrado, el cual está formado en sus cuatro caras por cristales y en cuyo interior se alberga la reliquia. En los ángulos del cubo se vuelve a colocar en plata fundida los elementos antes citados que coinciden a su vez con otros colocados en la base circular de los cuales penden cuatro pequeñas campanillas. El remate se realiza mediante una pequeña cupulilla con una perilla final, la cual hace juego con otras cuatro, realizadas en plata fundida, que se colocan como colofón sobre los vértices del cubo. En algunas zonas de la pieza se ha empleado una decoración a base de motivos geométricos realizados mediante la técnica del grabado con punzón

En plata sobredorada se han realizado los símbolos que contienen las reliquias. Para Santo Domingo se ha optado por una estrella, la cual es alusiva al don de predicación y elocuencia del santo español, el cual se suele representar con una estrella en la frente. Para Santa Catalina, un corazón indica la íntima relación de la Doctora de la Iglesia con Cristo su amado esposo. Ella misma en una ocasión afirmó que Jesús le había cambiado el corazón.

Custodia. Anónima. Fines del siglo XX. Metal plateado. 60 cm.

El ostensorio, de 60 cm. de altura, resulta un tanto ecléctico en cuanto a su estilo. Dentro de la línea neoclásica, podemos apreciar elementos tardo-barrocos y nuevos aportes de la modernidad. Posee dos marcas en el viril: CASTELL y ROTA que no han sido identificadas.

La peana, de estructura circular, está decorada con una guirnalda de flores alternada por lazadas que van delimitando los recogidos del elemento floral. El astil presenta un nudo arquitectónico, de gran tamaño, que da al conjunto una sensación de rotundidad. Dicho nudo está formado por un templete de base cuadrada el cual se organiza mediante cuatro columnas salomónicas sobre un pequeño podium que sostienen un entablamento curvo de proporciones mínimas y que están rematadas por cuatro perillas de estructura alargada. Los soportes empleados evidencian ecos del barroco aún patente en la estilística decimonónica. En el interior, en cada una de las caras, se ubican unas pequeñas hornacinas de medio punto rematadas por veneras. Dentro de cada una de ellas se albergan una escultura fundida de un santo. Éstos deben responder a devociones particulares de los comitentes ya que no guardan relación entre ellos ni con el tema de la Eucaristía.

En el hueco que coincide con la delantera de la custodia encontramos una imagen de la Virgen con el Niño que parece ser una reproducción de la Virgen del Pilar de Zaragoza.  En las caras laterales, a derecha e izquierda respectivamente, encontramos a Santa Teresa de Jesús inspirada por el Espíritu Santo y a San Juan Bautista. La última de las hornacinas acoge un santo que no acertamos a identificar ya que no presenta ningún atributo que lo represente. Las esculturas tienen cánones basados en el Neoclasicismo con algunos elementos de tradición barroca como la agitación de los paños.

El cuerpo de unión entre el sol y el vástago, de estructura tronco piramidal, tiene agregados dos querubines de fundición. El sol está formado por una caja circular rodeada de rayos ondulados y lisos alternados y una cruz rematando el conjunto. Dentro de esta cavidad se custodia el viril, de reducido tamaño (4 cm.), orlado por piedras de tonos verdes, azules y blancos. Para que la Sagrada Forma se pueda apreciar desde la distancia, el cristal que cierra la caja circular del sol es una lente de aumento.

AJUAR DE LAS IMÁGENES

Ajuar de la Santísima Virgen del Rosario.

Corona de Nuestra Señora del Rosario y del Niño de Dios. Orfebre Hermanos Delgado. Año 2017. Plata dorada repujada.

El 7 de octubre de 2017, en el transcurso de la Eucaristía de la Solemnidad de Nuestra Madre del Rosario, le fueron impuestas las nuevas coronas a la Virgen y al Niño de manos el P. Fr. Vito Gómez O.P (Postulador de la Causa de los Santos de la Orden de Predicadores). Dichas preseas fueron costeadas por los hermanos y vecinos del arrabal, siendo ejecutadas bajo diseño propio en el taller de orfebrería de los Hermanos Delgado.

De estilo barroco rocalla, presenta los elementos decorativos característicos de este periodo. Partiendo de un aro que se ajusta a la cabeza decorado con una cenefa de motivos vegetales, arranca el canasto con decoración de rocallas y hojas de acanto realizadas mediante la técnica del calado y repujado. En el centro del canasto, en la delantera, aparece una cartela central siendo una rocalla completa. Se remata mediante 8 imperiales que se unen en el centro inferior de la ráfaga en una bola del mundo, poseen el mismo ornamento de la zona baja. Esta bola está rematada por una cruz de tradición barroca, siendo ambos elementos el símbolo máximo de la realeza.

En cuanto a la ráfaga, realizada a doble cara. Está configura mediante agrupaciones de rayos lisos de varios tamaños, en grupos de tres, terminados en forma de bisel unidos por sus bases. La estructura de la ráfaga es de forma trapezoidal propia de fines de mediados del siglo XVIII idéntica decoración que el canasto.

La corona del Niño está ejecutada con idénticas características que la madre, siendo de estilo imperial, careciendo de la ráfaga.

Cetro de la Santísima Virgen. Hermanos Delgado 2017. Plata dorada y repujada.

Coincidiendo con la bendición de las coronas, la Virgen estrenó este cetro, gracias a la donación de una hermana. Esta pieza está relacionada con la realeza de María, quien, una vez asunta en cuerpo y alma a los cielos, es coronada como reina de toda la creación, siendo éste el último de los Misterios Gloriosos del santo Rosario.

La pieza presenta un vástago que se resuelve mediante una estructura que recuerda el modelo de balaustrada formada por la superposición de diferentes piezas bulbosas, decoradas con elementos ornamentales de rocallas cinceladas y motivos vegetales repujados. Remata el conjunto un perilla rodeada de cuatro eses realizadas en la misma técnica y decoración.

Cruz del Niño. Hermanos Delgado. 2018. Plata dorada y repujada.

En la mano derecha, la imagen del Niño Jesús muestra a los fieles la Cruz como instrumento de salvación, aludiendo a los Misterios Dolorosos del santo Rosario en los que se contemplan la Pasión y muerte de nuestro Señor.

Donada por una hermana, sigue el mismo diseño del cetro mediante superposición de diferentes nudos que configuran los dos brazos de la cruz, decorados con elementos vegetales de inspiración dieciochesca. En sus extremos se remata con unas perillas repujadas, completadas por dos sigmas a modo de asas. En el centro del unión del stipes y el patibulum, sobre una superficie cuadrada se presenta el sol (en el anverso) y la luna (en el reverso) símbolos de Cristo como Alfa y Omega. En los ángulos que se configuran por la unión de los brazos, circundando la simbología cristífera, se colocan cuatro juego de rayos, símbolo de la glorificación de la cruz. Estas piezas recuerdan la morfología de las potencias, formadas por una base en forma de cartela de la que parten los rayos, en esta ocasión de perfil ondulado.

Luna. Hermanos Delgado 2019. Plata dorada y repujada.

En 2019 se completa el ajuar de salida de la Santísima Virgen con la donación por un grupo de hermanos de la Luna que se ubica a los pies de nuestra Madre. Este elemento iconográfico está ligado a la visión apocalíptica donde se contempla a la «Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada de estrella» (Ap. 12, 1) Asimismo podemos relacionar la simbología de la luna como la propia Virgen. María, como creatura, no tienen luz propia (como la luna) el resplandor que despide su imagen es fruto de la luz que su Hijo proyecta en ella (el sol).

En cuanto a su diseño y ejecución recoge el modelo clásico de media luna, presentando la superficie alta carente de decoración, colocada ésta en la zona inferior. Repite los mismos elementos decorativos de rocallas y elementos vegetales que el resto del conjunto, partiendo de una cartela rocalla central, hacia ambos lados se distribuye los elementos ornamentales. En la puntas se presentan dos estrellas, completando así su iconografía.

Corona de Nuestra Señora del Rosario y del Niño de Dios. Diseño José Manuel Bonilla Cornejo. Orfebre Ríos. 1990. Plata repujada, calada, fundida y sobredorada.

Con motivo del X Aniversario de la Reorganización de la Hermandad, un grupo de hermanos regalaron a la Santísima Virgen una corona como fruto del esfuerzo de esta labor al frente del gobierno de la corporación. Fue bendecida e impuesta solemnemente en el transcurso de la Función Principal de Instituto de ese año de 1990.

El imaginero José Manuel Bonilla diseñó esta pieza con la intención de crear una corona que fuese acorde con las peculiaridades de la talla. Se optó por una corona de imperiales. Esta tipología  parte del siglo XVIII, consta de un aro ancho, que se ajusta a la cabeza, decorado con motivos vegetales y unas bandas que partiendo del canasto se unen en un globo terráqueo rematado por la cruz. Ambas piezas presentan los mismos elementos decorativos, predominando los elementos vegetales. En los espacios que quedan en la parte superior del canasto, entre los imperiales, se colocan cabezas de querubines en la técnica de plata fundida.

Los imperiales de  la corona de la Virgen están formados por una hoja de acanto en cuyo centro, curvado hacia dentro, presenta una guirnalda de perlas y seguidamente una banda en forma de C invertida en cuyo extremo superior se funde la bola del mundo y la cruz de brazos bulbosos y rayos ondulados entre los mismos. Los que posee la corona del Niño, debido al tamaño reducido, se simplifican en piezas fundidas, organizadas mediante “ces” dispuestas de forma cóncava y convexa, hasta llegar al mundo cuya cruz es mínima, adecuada al espacio que queda entre la cara de la Virgen y la cabeza del Niño.

Corona de camarín de la Santísima Virgen del Rosario. Anónimo. Fines siglo XVIII. Metal plateado, repujado y calado.

Del modelo “corona de aro” vulgarmente canasto o cestillo, está formada por un aro que rodea la cabeza donde se alberga la decoración. Originariamente tenía  imperiales y ráfaga, eliminadas ambas piezas a principios de los años 80 del siglo XX ya que eran desproporcionados en relación al tamaño de la cabeza de la Virgen.

El canasto se organiza mediante grupos, ocho en concreto, donde dos “ces” afrontadas cobijan en el espacio interior, bien cartelas, bien conchas. Sobre estos motivos se ubican en el primer caso una especie de margarita de cinco pétalos y sobre las veneras una rosa.

Se conservan fotografía donde la imagen está tocada con esta corona. En la representación cerámica situada en la calle Liñán la Virgen luce esta pieza.

Corona de la Santísima Virgen del Rosario. Antigua corona de Salida. Anónimo. Principios del siglo XX. Metal repujado, calado y plateado.

Durante todo el siglo XX  la Virgen procesionaba con esta corona hasta que en 1990 estrenó la actual de plata sobredorada. El motivo que impulsó la realización de la nueva de imperiales fue el enorme tamaño desproporcionado de la que nos ocupa.

Consta de un canasto, realizado mediante la técnica del calado y el repujado, con motivos vegetales que se organiza en torno a cartelas circulares y hexagonales que se desarrollan a lo largo de esta superficie. A diferencia con las piezas ya comentadas esta no posee imperiales, remitiéndose a los modelos de principios del siglo XVII. La diadema está formada por dos cuerpos con la misma decoración ya citada. En la zona inferior, más próxima al canasto, posee una forma de media luna invertida  delimitada por una moldura. La zona más elevada está ocupada por los rayos, divididos en dos mitades en el centro con un jarrón que sostiene la cruz. Los rayos se distribuyen alrededor de la ráfaga alternando rayos ondulados, en grupos de tres, con uno liso biselado en cuyo extremo se coloca una estrella. Las doce estrellas vuelven a hacer mención al pasaje apocalíptico. Con respecto a la cruz, esta carece del mundo a sus pies, sostenida sobre un elemento decorativo formado por hojarascas. Del tipo de cruz latina, los brazos se desarrollan mediante motivos vegetales de gran carnosidad.

Cetro de la Stma. Virgen. Anónimo. Mediados del siglo XVIII. Plata cincelada y fundida en su color.

Presenta un vástago cilíndrico, decorado con rocallas realizadas con la técnica del cincelado. Se divide en dos mitades por unas molduras que estrangulan esta superficie para adaptarse a la abertura de la mano de la imagen. En la parte superior se remata por cuatro sigmas  que convergen en una perilla, todas ellas realizadas en plata fundida. En el espacio que queda entre estas eses se ha ubicado una gran piedra de topacio donada por un hermano. La zona inferior de la pieza se remata con otra perilla de similares características a la anterior. Éste es de los escasos testimonios que se han conservado del momento de la fundación, siendo el ajuar de la Virgen continuamente expoliado a lo largo de los años.

Cruz del Niño. Anónima. Mediados del siglo XVIII. Plata fundida y cincelada, nácar.

Según el modelo de cruz latina, esta se realiza sobre un alma de madera en la que se superponen láminas rectangulares de nácar unidas entre si por clavos de plata fundida en forma de aspa. Por todo el perímetro de la cruz un junquillo de plata recubre la zona.

En el centro de la cara anversa  aparece el anagrama de la Virgen rodeado por un rosario. Este motivo está tomado directamente del escudo de la Hermandad. En los ángulos formados por el cruce del stipes y el patibulum se colocan rayos en grupos de tres ondulados y dos lisos cortados a bisel respectivamente. Rematando los brazos de la cruz, realizados en plata repujada, unas cantoneras formada por motivos vegetales.

Este atributo se repite en todas las imágenes que se conservan en la ciudad de idéntica iconografía coincidiendo en la forma de representar al Niño de Dios.

Luna. Diseño David Callejas. Orfebre Jesús Domínguez. Año 1999. Estilo Rocalla. Plata repujada sobredorada.

En el afán de mejorar y completar los atributos de la imagen titular de la Hermandad se encargo al hermano David Callejas, dibujante de gran valía, el diseño de una media luna, el cetro y la cruz del Niño para ser realizadas en plata de ley sobredorada con el fin de ser procesionadas. En estos dibujos realizados a plumilla, a tamaño original escala 1:1, el artista ha proyectado un conjunto de inspiración en la estética dieciochesca de la rocalla.

De los tres diseños, el único realizado por el momento ha sido la luna. Toda la superficie repujada se organiza mediante “ces”. A ambos extremos se han colocado dos estrellas realizadas mediante una flor de ocho pétalos de cada uno de los cuales parte un rayo en forma de punta. Si dividimos la pieza en dos partes cada cuerno de la luna responde al mismo esquema compositivo. El reducido tamaño de la misma responde a su futura ubicación, sobre un cojín de orfebrería que sustituya el actual de tela a los pies de la Virgen.

Ajuar del Misterio de Navidad

Corona de la Virgen. Orfebre Ramón León. Año 2002. Plata repujada y fundida.

Esta pieza bien pudiéramos encuadrarla dentro de la línea estilística de la segunda mitad del siglo XVIII. Presenta un canasto o aro ancho, que se ajusta a la cabeza, con decoración de rocallas, completas, medias y bandas en forma de “ces”, mediante la técnica del calado y repujado. En el centro del canasto, en la delantera, aparece fundido el escudo de la Hermandad. Partiendo del canasto, los imperiales se unen en el centro inferior de la ráfaga en una perilla, poseen el mismo ornamento de la zona baja. En la parte más ancha se coloca una cabeza de querubín.

Desde el siglo XVII las ráfagas son un elemento muy común en las coronas. En esta se sigue empleando el modelo que se estilaba en el bajo Renacimiento de rayos ondulantes, combinados con lisos de varios tamaños, en grupos de tres, terminados en forma de bisel unidos por sus bases. La estructura de la ráfaga es de forma trapezoidal propia de fines de siglo XVII y principios del siglo XVIII. En el centro de la ráfaga, rematando la corona, el mundo rodeado de carnosidades y sobre éste la cruz formada por elementos vegetales.

Nimbo de San José. Orfebre Antonio Ríos. 2001. Plata repujada y calada.

Esta diadema circular está organizada mediante dos círculos concéntricos superpuestos. La esfera interior con un diámetro de 11 cm. concentra toda la decoración mediante motivos vegetales. En el centro, una roseta ocupa el vértice. La superficie queda dividida en cuatro cuñas iguales con idéntica ornamentación.

El segundo círculo, más amplio, está constituido por rayos que se organizan mediante grupos de tres planos  a bisel, seguidos de un rayo ondulado y otro en forma de aguja o punta, a juego con la ráfaga de la corona de la Virgen del Misterio.

INSIGNIAS

Cruz de Remate del Estandarte. Diseño David Callejas y Orfebre Jesús Domínguez. 1999. Plata fundida y cristal.

Tras la restauración del bordado del estandarte, en los talleres de Santa Bárbara, se acordó, por parte de la Junta de Gobierno, la realización de un nuevo asta y cruz que sustituyese a la anterior de metal plateado. Para ello se recurrió al Hermano David Callejas el cual diseñó el remate que llevaría a la plata el orfebre Jesús Domínguez. Se optó por un diseño sencillo y elegante acorde a la línea estilística de la Hermandad.

El asta está formada por varios tubos repujados con una hoja que se desarrolla a lo largo del vástago, quedando espacios libres que se trabajan con acanaladuras.

La cruz se alza sobre una pieza rectangular de plata, que sustituye al tradicional mundo esférico, en cuyas caras se coloca una decoración de clara referencia manierista a base de cartelas circulares. La superficie de la cruz está realizada en cristal transparente, bordeado con una cantonera de plata. En los extremos del stipes y en la parte superior del patibulum se colocan, en plata fundida, unas cráteras con flores a modo de jarrones. En los ángulos formados por los brazos de la cruz se ubican unas ráfagas formadas de una “c” invertida de la cual parten rayos. En el centro de la cruz, en la cara anterior, aparece de plata repujada el anagrama de la Virgen orlado por unas nubes, quedando la cara posterior decorada tan sólo por éstas últimas. En estos elementos aparece la marca del artista que acredita la autoría.

Cruz y asta del Simpecado. Diseño David Callejas y orfebre Emilio Méndez. Octubre de 2002. Plata de ley y Cristal.

Nuevamente, tras la restauración del paño bordado del Simpecado, decidió el Cabildo de Oficiales acometer la realización de una nueva asta, que sustituye al anterior de cobre realizado sobre uno de los varales antiguos del palio. Con diseño de David Callejas y en los talleres del orfebre sevillano Emilio Méndez, la nueva cruz guarda relación con la anteriormente comentada. 

Realizada en plata y cristal, se une al asta mediante cuatro piezas fundidas de plata con forma de asas, en cuyos extremos más sobresalientes se coloca una campana, encada una de las cuales queda recogida la siguiente leyenda: Del barrio de los Humeros/ su capilla es relicario / Donde guarda cual tesoro / a su Virgen del Rosario.

La cruz presenta la superficie de cristal, delimitada por un junquillo de plata. Si en el modelo anterior en los ángulos se colocaban unos rayos, este elemento decorativo se ubica, en la que analizamos, en los extremos de los brazos superiores, situando en dichos ángulos la cruz del escudo dominico, ya que esta insignia está íntimamente ligada a la práctica del rezo del Rosario. En el centro de la cruz, en la cara anversa, realizado en plata repujada aparece el sol y en el reverso la luna, ambos astros representados con rostros humanos, tomando los modelos de la mitología clásica. Con ello se pretende hacer alusión a Cristo: Alfa y Omega, principio y fin de todas las cosas.

El asta repite el mismo modelo que la del estandarte, guardando la armonía que se pretende en las nuevas creaciones, con el fin de ir configurando un sello personal, una estética acorde al sentir de esta Hermandad.

ANDAS PROCESIONALES

Violetera. Emilio Méndez. año 2002. Metal repujado y plateado.

Cuatro pequeñas Jarritas forman este conjunto.

El núcleo del jarrón, conocido como panza, se eleva sobre cuatro ménsulas fundidas que conforman la base. La boca es el resultado del estrechamiento de la panza, a cuyos lados se colocan dos pequeñas asas laterales realizadas en la misma técnica y estilo que las ménsulas de la base.

Toda la superficie está trabajada mediante la técnica del repujado en metal. Terminado el trabajo de los cinceles, recibe un baño de plata y una pátina que da aspecto de antigüedad a la jarra.

Cráteras. Emilio Méndez. Octubre 2002. Metal repujado y plateado.

Las cráteras presentan la composición tradicional de las piezas cerámicas compuestas de una copa de boca ancha, sostenida por un pequeño pie de forma acampanada. Toda la obra esta repujada con motivos vegetales y florales en la zona más próxima a la boca, quedando el espacio anterior al pie ocupado por una decoración mediante gallones. Dos asas de pequeño formato se colocan a ambos lados de la boca, en cuyos extremos se colocan unas campanillas. El pie ha sido reforzado por cuatro piezas fundidas con forma de “C”. Éstas sirven para evitar que la crátera cabecee con el peso de los nardos que tradicionalmente exornan el paso de la Virgen.

Guardabrisas. Emilio Méndez. Año 2003. Metal repujado en su color.

Situadas muy cerca de la imagen, su morfología ha sido muy estudiada para que guardasen perfecta armonía con la escultura. Su diseño es muy original, presentan un fanal de cristal que en nada tiene que ver con los guardabrisas tradicionales, siendo una forma cilíndrica que se estrecha en ambos extremos, quedando un perfil de contorno ondulado con una panza en el centro. El cristal se coloca sobre un pie formado por cuatro grandes ménsulas fundidas cuya superficie está formada por tallos vegetales y elementos florales. En la zona superior se remata el cristal con una coronilla, de metal repujado de estilo rocalla, de la cual parten seis hojas, al modo de imperiales, que sostienen, en el centro, una corona imperial que cierra definitivamente el remate del guardabrisa.